viernes, 2 de septiembre de 2011

Africa, hambre y capitalismo

Más de 10 millones de personas en el Cuerno de África se están viendo afectadas por la peor sequía en 60 años además de la guerra y las medidas de “ajuste” del Banco Mundial y el FMI para el pago de la deuda nacional.

Según un informe publicado por Naciones Unidas, la escasez de lluvias en África oriental(Somalia, Etiopía, Yibuti y Kenia) está causando una grave crisis alimentaria y el aumento de los índices de malnutrición sobre todo en Somalia, creando un éxodo sin precedentes de personas que buscan comida, agua y seguridad en otros países.

El número de refugiados somalíes que cruzan a Kenia: 1.300 a diario, se ha incrementado hasta niveles jamás vistos. En las últimas dos semanas Kenia ha recibido a 20.000 somalíes, según el Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (ACNUR), que hasta ahora contabilizaba la entrada de 10.000 refugiados somalíes al mes. Un nuevo campo para albergar a desplazados se está instalando en Kobe (Etiopía), cerca del ya existente en Melkadida, en el sureste del país.

La Oficina para la Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU advierte que la situación es cada día más grave. Casi un tercio de los menores de Juba, región situada al sur de Somalia, están malnutridos, mientras que en algunas zonas de Etiopía esta cifra es incluso mayor, según el informe publicado por Naciones Unidas. El precio del grano en Kenia se ha incrementado entre un 30% y un 80%, colocando en una situación límite a muchas familias que ya padecían pobreza.

Maria Jesús Vega, portavoz en España de ACNUR, da un ejemplo de esta situación límite en Kenia al mencionar el campamento de Dadaad, al noreste de Nairobi, con espacio para 90.000 personas y que en estos momentos triplica su capacidad.

Según la ONU, el número de personas amenazadas por la hambruna ha llegado a 11 millones la imagen más dolorosa no es solo la de los niños de vientres hinchados y ojos desorbitados, sino la de las madres “que se atan el estómago con una cuerda para amortiguar las punzadas del hambre mientras dan a sus hijos la poca comida que pueden conseguir, esto a manera de una grotesca parodia de las bandas gástricas que se utilizan en Occidente para adelgazar”. Una agencia cita el testimonio de una abuela de 86 años que dice: “Me ato la cuerda alrededor de la cintura para apretarme el estómago y evitar la sensación de hambre. La mayor parte del tiempo tenemos muy poca comida, así que se la doy primero a mis nietos y dejo poco o nada para mí. Por eso me ato el estómago. Aquí solo los ricos no se atan con la cuerda en momentos como este”. La ONG Action Aid Kenya dice: “Esta práctica muestra cuán desesperadamente hambrientas están las mujeres. Pero puede ser letal: varias mujeres han muerto tras liberar de golpe su estómago (de la presión de la cuerda) cuando han podido conseguir otra vez comida”.

UNICEF describe esta situación como “la peor crisis humanitaria del mundo”, y es el resultado de una de las sequías más terribles de los últimos 60 años; que ha originado repetidas malas cosechas y la muerte de un gran número de cabezas de ganado. Cerca de 2.9 millones de personas están afectadas en Somalia, 4.5 millones en Etiopía y 3. 5 millones en Kenia, que es potencia económica de la región.

Además de esto debemos saber que, en el Cuerno de África, gran parte de las tierras fértiles han sido adquiridas por la agroindustria y por fondos especulativos. Esto ha determinado la expulsión de miles de campesinos y disminuido consecuentemente la capacidad de autoabastecerse. Y, señala la investigadora Esther Vivas, “mientras el Programa Mundial de Alimentos intenta dar de comer a millones de refugiados en Sudán, gobiernos extranjeros (Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, Corea...) les compran tierras para producir y exportar alimentos para sus poblaciones”. Detrás de esas ventas están el FMI y el Banco Mundial que han presionado a los gobiernos africanos a vender “para que el país pueda pagar su deuda con el Club de París, además de forzar la aplicación de un conjunto de medidas de ajuste”.

Los ajustes se refieren a “una política de liberalización comercial y apertura de sus mercados, permitiendo la entrada masiva de productos subvencionados, como arroz y trigo, de multinacionales agroindustriales gringas y europeas, que empezaron a vender sus productos por debajo de su precio de costo, compitiendo deslealmente con los productores locales. En Somalia, lo antes apuntado y la devaluación de su moneda generaron el alza del precio de los insumos, y el fomento de una política de monocultivos para la exportación forzó, paulatinamente, al abandono del campo. Historias parecidas se dieron también en América Latina y en Asia”.

El alza del precio de los cereales es el otro detonante. Detrás de ello está la especulación financiera que ha descubierto que apostar a los alimentos es buen negocio. Y un buen negocio es, para los especuladores, una justificación suficiente para mandar a la muerte a millones de seres humanos.

Las afueras del campo de refugiados de Kenia están sembradas de cientos de cadáveres de niños cuyos padres no lograron que llegaran vivos a destino. No se sabe cuántos han fallecido antes de alcanzar ese lugar y, en otros casos, son los padres los que han perecido en el camino, dejando a sus niños vagando por el desierto.

Un portavoz de Save the Children dijo que su agencia ha prestado asistencia a más de 300 niños que han sido encontrados sin acompañantes en los caminos después de que sus padres murieran. El campamento fue previsto para 90 mil. Ya hay 440 mil y siguen llegando. En otro campamento, en Etiopía, la tasa de mortalidad es de siete de cada 10 mil por día, la que casi triplica situaciones similares. Según los especialistas, “jamás hemos presenciado una crisis tan grave en una generación”. Y creen que va a empeorar.

Según la FAO, hoy se produce en el mundo comida para 12,000 millones de personas. Por lo tanto, no debería haber hambre. La hambruna actual en el Cuerno de África afecta a 10 millones de personas, y casi un millón de niños podrían morir en los próximos meses si no recibieran ayuda. ¿Fatalidad? De ningún modo, es la injusticia social del capitalismo que por seguir acumulando riquezas mira con desprecio las necesidades primarias y vitales del ser humano.

Un gran abrazo.

1 comentario:

Judith Bascones Lejter dijo...

Indudablemente parte de toda esta gran recesion mundial es la crisis economica y como afecta a la calidad de todos. Pienso que lo importante es la consciencia ya que ahora se gasta mas para sobrevivir con sueldos cada mas miserables. Saludos. judith