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viernes, 23 de diciembre de 2011

Navidad

Los niños son los seres más inocentes y necesitados de protección y cariño, nada más triste para un niño que descubrir que Santa Claus no se acordó de él o que no existe; o que el mito de Belén tiene más de fantasía que de algo que llegó a suceder en realidad.

Siempre para mí estas fiestas son muy tristes y así me las explico; porque con la llegada a la adultez mis ojos han podido ver a través de los sueños y sólo he encontrado caos, ambicia, sordidez, soberbia, ingratitud y mil taras más. Yo quisiera volver a ser niño y volver a creer. Yo, y tú y la mayoría de seres del planeta, todavía ¡queremos creer! algunos con resentimiento, pero en el fondo siempre esperamos esa palabra que nos devuelva la magia de un sueño. Yo la espero. Y les pido humildemente a todos los amigos adultos y blogueros que, mientras exista un niño que no lo sepa, no echemos a perder sus miradas expectantes, sus vísperas llenas de alegría; no destruyamos sus sueños antes de tiempo; ayudémosle a creer, hasta donde puedan, que existe algo que se llama suerte, magia, casualidad, providencia, hermandad en el esfuerzo en conjunto; o simplemente como le llamo yo, hagámosle creer que Dios sí existe; y que los sueños pueden hacerse realidad para los que obran con verdad, con amor, con justicia, con nobleza de sentimiento; creo que así tendremos en el mañana una mejor sociedad.

Enseñémosles que para eso nos reunimos y celebramos todos juntos en el mundo: porque en verdad ¡sí nos extrañamos y nos queremos! Ya que, dialécticamente, no existe nada completamente malo y esta sociedad consumista, malsana y camino al mercantilismo y a la perversión, tiene ese lado bueno; de que, aparte del progreso tecnológico, en una fecha al menos, nos une, nos hermana, nos junta en un abrazo fraterno, así sea con otros fines.

Celebremos la Navidad con alegría y con bondad, enseñémosles a los niños que eso es lo que hace bella a la vida: el amor y la fraternidad, que ésa es la verdadera riqueza. Ni con todo el oro del mundo podremos comprar el amor, la verdadera amistad. Seamos buenos con todos ¡hasta con los malos! y siempre que nos sea posible demos una ayuda al necesitado, un perdón y una sonrisa a quien nos haya odiado y sentiremos como el alma se ilumina de la dicha cálida de la Navidad. Que es, al final de cuentas, por lo que se supone vino Jesús al mundo ¿No es verdad? Un gran abrazo.


¡¡Feliz Navidad Amigos!!